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Historia del Testing

Día del Tester 2026: 79 años cazando bugs

· 7 min lectura · Luis Carlos Marín Campos

Cada 9 de septiembre, la comunidad de testing celebra su día. No es una fecha elegida al azar: es el aniversario del bug más famoso de la historia. Y este año, en plena era del código generado por inteligencia artificial, vale la pena mirar atrás para entender por qué nuestro rol importa más que nunca.

Esta es la línea de tiempo de cómo llegamos hasta aquí — y de por qué el tester debe evolucionar al mismo ritmo que el software que prueba.

1947

El primer bug fue una polilla (literalmente)

9 de septiembre de 1947, Universidad de Harvard. El equipo de Grace Hopper trabajaba en la computadora Mark II cuando el sistema empezó a fallar. Al revisar, encontraron el problema: una polilla atrapada en el relé #70 del panel F.

El insecto quedó pegado con cinta en el bitácora del laboratorio, con la anotación: "First actual case of bug being found" — primer caso real de bug encontrado. Los bugs, antes de ser digitales, fueron físicos. Y desde ese día, "cazar bugs" dejó de ser una metáfora para convertirse en una profesión.

1979

El testing se convierte en disciplina

Glenford Myers publica The Art of Software Testing y plantea una idea incómoda para la época: probar no es demostrar que el software funciona, sino encontrar dónde falla. "Una prueba exitosa es la que encuentra un error", escribió.

Ese cambio de mentalidad — de verificar a cuestionar — es el momento en que el testing deja de ser un paso final apresurado y empieza a ser una disciplina con método propio.

2001

El agilismo cambia las reglas

Diecisiete desarrolladores firman el Manifiesto Ágil en Utah. El software empieza a entregarse en ciclos cortos, con cambios constantes y feedback rápido. El QA que probaba todo al final del proyecto, semanas después de que se escribiera el código, se vuelve un cuello de botella.

Un año después, en 2002, nace el ISTQB (International Software Testing Qualifications Board): la profesión se organiza, crea un lenguaje común y empieza a certificar testers en todo el mundo. El tester ya no es "el que hace clics al final" — es un profesional con formación verificable.

2004

Selenium democratiza la automatización

Jason Huggins, en ThoughtWorks, crea una herramienta interna para probar aplicaciones web sin repetir las mismas pruebas manuales una y otra vez. La llamó Selenium — como el elemento químico, un chiste contra el competidor comercial de la época, Mercury.

La automatización de pruebas deja de ser un lujo de empresas gigantes con licencias costosas. Cualquier equipo puede ahora escribir scripts que prueben su software. Nace el rol que hoy mueve la industria: el QA Automation Engineer.

2011

CI/CD: probar se vuelve continuo

Jenkins se masifica y con él la integración continua: cada cambio de código dispara pruebas automáticas. Después llegan GitLab CI, GitHub Actions y toda la cultura DevOps. El testing ya no es una fase — es un pipeline que corre decenas de veces al día.

El tester que solo sabía ejecutar casos manuales empieza a quedarse atrás. El que aprende a automatizar dentro de estos flujos se vuelve pieza crítica del equipo.

2020s

La IA escribe código. ¿Y quién lo prueba?

Copilot, ChatGPT, agentes que generan funciones completas en segundos. El software ahora se produce a una velocidad que ningún equipo humano puede igualar escribiendo a mano. Y aquí viene la paradoja que define nuestra época:

Más código generado por máquinas significa más código que alguien debe verificar. La IA escribe rápido, pero no entiende el negocio, no sabe qué espera el usuario, no siente cuándo algo "no se ve bien". Alguien tiene que tener ese criterio. Ese alguien es el QA.

El QA que el presente necesita

Mira la línea de tiempo completa: de polillas físicas a agentes de IA en 79 años. Cada salto tecnológico hizo más complejo el software y, con eso, más necesario el criterio de quien lo prueba.

El tester de hoy no puede ser el tester de 2010. Necesita entender Git como un automatizador, escribir pruebas que vivan en pipelines de CI/CD, usar la IA como potenciadora de su criterio (no como reemplazo), y entender el negocio detrás del código. Ese es el perfil que los equipos de automatización buscan — y el que escasea.

Por eso este Día del Tester no lo celebramos solo con nostalgia. Lo celebramos formando a la próxima generación de testers: los que van a garantizar la calidad del software que las máquinas escriben.

Los bugs dejaron de ser polillas hace décadas. Pero mientras haya software, habrá quien lo escribe… y hará falta alguien con el criterio para probarlo. Feliz Día del Tester.

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